Se usa para decir que alguien es bien despistado, que vive en su mundo y anda soñando despierto en lugar de poner atención. Es como que la cabeza la tiene llena de fantasías y ocurrencias raras. No es un insulto fuerte, más bien una forma medio cariñosa de decir que a la persona le falta aterrizar.
Se dice de alguien que vive en su mundo, va siempre en las nubes y se monta películas que no pisan tierra. No tiene por qué ser malo, a veces es pura imaginación, pero normalmente implica que la persona es un poco ingenua o poco realista con sus planes. Vamos, que sueña más de la cuenta.
Se dice de alguien que vive en su mundo, con ideas fantasiosas o poco realistas, como si tuviera la cabeza llena de ocurrencias que no aterrizan nunca. No siempre es un insulto, a veces va con cariño, pero deja claro que esa persona va un poco a su bola y se monta películas.
Se usa para decir que alguien vive distraído, soñando despierto y sin aterrizar mucho en la realidad. Es esa persona que uno quiere pero que siempre está en la luna, se le olvidan las cosas y se arma sus películas mentales. No es insulto grave, más bien una vacilada cariñosa, aunque a veces sí desespera un poquito.
Cuando te ilusionas tanto con un plan completamente irreal que podría engañar a las criaturas del bosque para que fueran tus socios.
Significa estar tan absorto al intentar solucionar problemas desconocidos que empiezas a creer en métodos rocambolescos, incluyendo susurros a las palomas del parque para que te den consejos.
Se dice de alguien que vive en las nubes, fantasea a lo grande y se arma películas con ideas medio imposibles o poco prácticas. No siempre es mala onda, a veces es ternura pura, como cuando alguien cree que va a revolucionar el mundo con un invento casero. Vamos, mucho sueño y poca tierra.
Se refiere a cuando estás tan inmerso en una fantasía que empujas los límites de la lógica, como creer que podrías hacer amigo a un canario para que te dé consejos amorosos.
Se utiliza para describir a alguien que sus planes son tan desorbitados que parecería estar escuchando líquidos consejos de un coro celestial de periquitos místicos.
Cuando estás tan volado que juras recibir mensajes y secretos directamente del Wonderland de Lewis Carroll por medio de las señales de antenas de los pájaros.