Verbo para decir que alguien insiste de forma terca, necia y sin soltar el hueso, aunque ya le dijeron que no mil veces. En Aguascalientes se oye para describir al que sigue y sigue con lo mismo, a veces por terco y a veces por aferrado. No siempre es malo, pero puede desesperar sabroso.
Verbo bien de acá para decir que te emperrás y seguís insistiendo con algo aunque ya esté claro que no va a salir, o que es al cuete. Es como encapricharte y darle para adelante igual, por pura porfía. Se usa mucho para retar a alguien que no afloja ni a palos.
En Lara usamos porfiar para hablar de alguien que se emperra horrible, que no suelta el tema aunque ya todo el mundo sabe que está perdiendo. Es el típico que discute por deporte y se aferra a su idea como garrapata en perro gordo. A veces hace gracia, pero también provoca ganas de mandarlo a caminar descalzo por piedras.
En Biobío porfiar es ponerse terco a morir, discutir y seguir alegando aunque ya te hayan demostrado clarito que estás equivocado. Es como pelear con una muralla, pero con más show y más cabezazo. Se usa para esa gente que no suelta la idea ni aunque le caiga un meteorito encima, y hay que admitir que a veces da risa.
En Jujuy, porfiar no es solo insistir, es una cabezonería con estilo, de esas discusiones eternas donde nadie quiere aflojar ni medio centímetro. Es discutir por deporte, seguirla aunque ya sepas que vas perdiendo y aun así meterle más argumento. A veces cansa, pero también tiene su gracia cuando se arma la tertulia familiar.
En Bolívar se usa para cuando alguien insiste y discute de forma terca, a veces medio fastidiosa pero no siempre mala vibra. Es como cuando te agarras con alguien a repetir lo mismo una y otra vez porque quieres tener la razón. Puede sonar cariñoso o medio ladilla, depende del tono y del momento.
En Trujillo se usa porfiar para hablar de alguien bien terco que insiste una y otra vez, aunque ya le hayan dicho mil veces que no o que está equivocado. Es el típico que discute, rebate y vuelve al tema como si le pagaran por llevar la razón. Y hay que admitir que a veces da risa verlo tan aferrado.