En Carabobo se usa para decir que alguien ligó una buena oportunidad casi sin mover un dedo, como si la vida le hubiera pasado la tarjeta y abierto los torniquetes sola. Es cuando te cae un trabajo, un negocio o un favorazo de la nada y tú apenas pusiste la cara. Y sí, da un poquito de envidia ajena.

"Hermano, tú sí te montas en el metro, te llamaron pa’ ese cargo sin entrevista ni nada y yo aquí echando currículum desde hace meses como un gafo."

Se dice cuando alguien te suelta un sí rapidito para salir del paso y evitar el marrón en ese momento, pero tú ya hueles que no lo va a cumplir ni de broma. Es como subirse al metro para perder de vista a alguien pesado y desaparecer del mapa. Vamos, prometer por supervivencia social.

"Paco le dijo a la suegra que el domingo le arreglaba la lavadora, pero era puro montarse en el metro. Llegó el domingo y el tío ni sabía dónde se compran llaves inglesas."

Se dice cuando te compras completita una historia o un chisme y te la crees sin cuestionar, como si ya te hubieras subido al vagón y ni modo de bajarte. Es caer redondito en la trampa o dejarte llevar por el cuento. Muy útil para cuando te chamaquean y luego te da risa.

"Brenda empezó con que vio un nahual en la azotea y yo bien serio, preguntando detalles. Ya cuando todos se rieron entendí: me monté en el metro bien gacho y ni cuenta."

En Venezuela se usa para decir que alguien por fin entendió algo, se puso al día con un chisme o captó la idea después de estar medio perdido. Es como cuando al fin agarras la onda y ya no te quedas por fuera. Suena moderno, pero en el fondo es puro miedo a quedarse atrás en el cuento.

"Chamo, al fin me monté en el metro con lo de tu ex, ahora sí entiendo por qué andabas tan rayado todo el fin de semana."

Se dice cuando vas tan empanado que metes la pata en lo más básico, rollo subirte al metro que no es, pasarte tu parada o ir mirando el móvil como si te pagaran por ello. No es que el metro tenga la culpa, es tu cabeza en modo avión. Muy de Madrid y de prisas.

"Iba tan empanada que me monté en el metro al revés y acabé en Chamartín en vez de en Sol. Encima mirando el móvil como si nada, qué cuadro."

Se dice cuando alguien se monta una película y entiende algo al revés, y encima tarda en darse cuenta. Vamos, que vas convencidísimo por la vida y de repente te cae la ficha y te da una vergüenza fina. La imagen es esa de subirte al metro equivocado y darte cuenta cuando ya vas camino de la otra punta.

"Pensé que el audio era del jefe y le solté un tocho de peloteo, pero era el del grupo de colegas. Me monté en el metro y me di cuenta cuando me contestaron con un sticker de un bocata."

Se dice cuando te metes en un plan o una conversación creyendo que va a ser piola y normal, y al final es un caos total. Como subirte al metro en hora punta y quedar hecho sándwich entre mochilas y codazos. Sirve para reírse de tu mala cuea por haberte sumado sin cachar lo que venía.

"Me dijeron que era una junta piola y me monté en el metro: terminaron cantando rancheras a grito pelado y dos compadres casi se van a las manos por el micrófono."

Se dice cuando alguien se apunta a una moda o a un plan solo porque lo hace todo el mundo, sin enterarse bien de qué va. Vamos, subirse al carro del hype a última hora y con cara de no haber leído el cartel. En Sevilla suena a vacile fino, como diciendo: vas tarde y encima perdido.

"El Juanlu ahora va de fan del techno porque lo vio en TikTok, pero no distingue un bombo de una olla. Vaya tela, se ha montado en el metro y ni sabe a dónde va."

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