Se dice cuando alguien se agranda y se hace el canchero, como si fuera el más vivo o el más valiente del barrio. Va de postureo total: se pone en plan desafiante o sobrador, pero en el fondo no tiene con qué bancarla. Suele usarse para bajarle los humos a alguien que se cree demasiado.
En Mendoza se usa para hablar de alguien que se hace el valiente o el canchero, como si nada le diera miedo, pero en realidad es pura pose. Es el típico que agranda todo para impresionar a los demás y quedar como héroe del barrio. A veces da risa, a veces da un poco de vergüenza ajena, pero siempre se nota.