En Cundinamarca se usa para decir que te pegaste un golpe con la realidad: te salió mal un plan, te rechazaron, metiste la pata o te llevaste una decepción bien brava. No es literal, aunque suena a choque. Es ese momento en que ibas confiado y, pum, te tocó aterrizar.
En Puno se usa para cuando alguien se cree la última Coca-Cola del desierto, se agranda de más y al final todo le sale al revés. Es como lanzarse confiado pensando que vas a brillar y terminas chocando feo con la realidad. Duele un poco, da risa un montón, y sirve para bajarle el humo a cualquiera.
En Bolivia se usa para cuando alguien fracasa feo después de ir con toda la ilusión, o cuando se manda una cagada épica y todo sale al revés de lo que esperaba. Es como chocar de frente contra la realidad. Sirve tanto para exámenes, ligues, negocios o cualquier plan que se va al carajo de forma bien triste pero medio chistosa.
En Santa Fe se usa para cuando alguien intenta algo con muchas ganas y expectativas y termina fallando de forma rotunda. Es como salir a la cancha creyéndote Messi y comerte todos los goles. Sirve para exámenes, laburos, citas o cualquier plan que parecía épico y termina siendo un papelón hermoso.
En Moquegua se usa para cuando alguien falla feo, mete la pata o le sale algo al revés de lo que esperaba. Es como chocar de cara contra la realidad, a veces por confiado, a veces por despistado. Suele decirse en tono de burla cariñosa entre patas, aunque por dentro duela un poquito el golpe.
En Atacama se usa para cuando alguien falla de forma épica, se manda un condoro gigante y queda pagando. Puede ser en un amorío, en la pega o en cualquier situación donde uno quería brillar y terminó dando jugo. Es como ir con toda la fe y terminar de cara contra el suelo. Y hay que admitir que a veces da risa.
En Bogotá se usa para cuando te enamoras durísimo de alguien y quedas re ilusionado, pero la cosa no cuaja y terminas todo dolido y haciendo el oso. Es como pegarte contra un muro emocional, quedas vuelto nada. Suena chistoso, pero cuando te estrellas de verdad, duele más que caerse de la cicla.