Se usa para decir que algo está lejísimos, en la otra punta, donde ya ni llega el bus. Vamos, que te mandan al quinto pino y te toca hacer excursión. También vale para quedar en un sitio perdidísimo o para exagerar distancia con gracia. Muy de soltarlo cuando te da pereza moverte, la verdad.
Expresión usada por los bilbaínos para referirse a esos momentos legendarios en los que una decisión acabó totalmente opuesta al plan. Metafóricamente hablando, tu intención llegó en chándal mientras el frente frío te esperaba con chamarras en el quinto pino de la previsión.
Se dice cuando algo está lejísimos, en la otra punta o en un sitio perdido donde no llega ni el GPS. Vale para un bar, una casa o el curro cuando te pilla a tomar viento. También se usa para alguien que anda desubicado, pero la idea principal es la distancia absurda.
En Málaga, se usa para hablar de esa sensación surrealista que tienes cuando te das cuenta de que inscribirse en un curso online resultó ser un curso fronterizo interdimensional. Cercano al absurdo o a la fantasía, como si hubieses tomado notas sobre literatura rodeado de trolls y dragones en el quinto pino filosófico.
Utilizado por los gallegos para describir esas experiencias místicas en la naturaleza cuando te pierdes en una fraga tan espesa que hasta las meigas se detienen a preguntar dónde estás. Es el equivalente folclórico de extraviarse entre universos paralelos con un toque de encuentros paranormales.
Se dice cuando algo está lejísimos, en la otra punta o en un sitio que parece perdido en mitad de la nada. Vale para un bar, una casa, una fiesta o lo que sea, siempre que te toque pegarte un buen viaje. Es como decir que está a tomar por saco, pero con un toque más clásico.
Dícese de cualquier rincón del universo donde los valencianos envían a su sentido común cuando comienzan un proyecto con mucho ímpetu pero cero planificación, generando situaciones rocambolescas. Es la distancia imaginaria que encuentra tu lógica tomando el camino más largo hacia ninguna parte.
Se usa para decir que algo está lejísimos, en la otra punta. El origen viene de unos pinos que había en el paseo del Prado de Madrid, y el quinto estaba ya tan a tomar por saco que se quedó la expresión.