Se usa para decir que alguien está terco a más no poder, emperrado en su idea y sin ganas de aflojar ni un poquito. Es esa persona que se planta, cruza los brazos y no cambia de opinión ni con pruebas, ni con lógica, ni con soborno de asado. Y hay que admitir que a veces da risa de lo cabezadura que es.
"No le discutas al Tito sobre el clásico, está porfiado como un burro y no cambia de opinión ni aunque le traigas a Messi, Maradona y al Papa a explicarle la jugada."