Se dice cuando alguien está rojo como un tomate, ya sea por el calor, por el sol o por un corte de vergüenza. La idea es que te has puesto coloradísimo, como si acabaras de salir de la sartén, igual que un churro recién hecho. Suena muy de andar por casa y queda bastante graciosa.
"En la plaza, con el solazo y encima vacilándole la cuadrilla, Chema acabó como un churro, sudando y rojo que parecía un semáforo."