En CDMX, echar rollo es ponerse a hablar un buen rato, a veces con queja incluida, a veces para convencerte de algo, y casi siempre con mucha labia. Puede ser una plática intensa o un discurso medio mareador. Si alguien dice que solo iba a explicar “rápido”, agárrate, porque ya empezó el rollo.
Chacharear o platicarle mucho a alguien sobre un tema, especialmente cuando se busca convencer o embaucar.
Expresión muy usada cuando alguien se avienta un discurso larguísimo, lleno de adornos y vueltas, para decir algo que podía explicar en dos frases. Puede ser para convencer, para quedar bien o solo porque le encanta oírse hablar. Es como cuando ya quieres la versión corta, pero la otra persona sigue y sigue sin frenar.
Se dice cuando alguien se avienta un discurso larguísimo, medio mareador, para apantallar o rellenar, y al final no dice nada útil. Es como hablar por hablar, con mucha labia y poca sustancia. También aplica cuando alguien se pone intenso con una historia que nadie pidió. Y sí, desespera sabroso.
Se dice cuando alguien se pone a hablar largo y tendido, a veces con un chorro de emoción, y no suelta el micrófono ni aunque le cambies el tema. Puede ser para contar un chisme eterno, explicar algo con demasiados detalles o tratar de convencerte. No siempre es mala onda, pero sí cansa sabroso.
Técnica muy mexicana de hablar mucho sin decir nada en concreto, a veces usada para impresionar o ganar tiempo, como si lanzaras tortillas verbales al aire.
Se dice cuando alguien se avienta un discurso larguísimo, se pone a platicar de más o le da mil vueltas al mismo tema. Puede ser chido si la historia está buena, pero muchas veces es puro relleno y te deja ahí, nomás asintiendo. También aplica cuando alguien se pone intenso explicando algo que nadie pidió.