Se dice cuando alguien se pega una caída de espaldas bien aparatosa, de esas que suenan a golpe seco y te dejan con la cara de ay, ¿estás bien? pero por dentro te estás aguantando la risa. Es el típico resbalón que da pena ajena y, a la vez, se vuelve anécdota para toda la vida.
"Paco iba bien digno bajando la escalinata y de repente ¡pum!, se dio un espaldazo que hasta los turistas voltearon. Yo preguntando si estaba bien, pero por dentro ya me estaba carcajeando."