Denise
Cada vez que paso por delante de una tienda de ultramarinos me entran unas ganas absurdas de comprar membrillo, aunque luego no sepa muy bien qué hacer con él. El caso es que siempre acabo untándolo en tostadas a las tantas de la madrugada y sintiéndome una persona importantísima. Me da por ordenar la nevera cuando estoy nerviosa y le he puesto nombre a cada estante: el de arriba es Germán y el cajón de las verduras se llama Berto. Guardo los huesos de aceituna en un bote de cristal porque me da pena tirarlos, como si fueran testigos silenciosos de todas las sobremesas del verano. Los miércoles me despierto cantando una canción distinta sin saber de dónde ha salido y me paso el día entero con esa banda sonora en bucle. Si me ves hablando sola en la calle no es por despiste, es que voy discutiendo conmigo misma sobre cuál es la mejor hora para merendar.