Agustina
A veces me siento en el bordillo de la acera a atarme los cordones aunque no se hayan desatado, solo para ver el mundo desde un poco más abajo. De pequeña me enseñaron a romper el pan con las manos y desde entonces no sé hacerlo de otra forma, me sale una especie de ceremonia que en los restaurantes serios mira raro. Guardo las gomas de los paquetes de espárragos en un tarro, no sé cuántas tengo porque nunca las cuento, pero sé que son muchas y de colores distintos. Los martes me preparo un té que no me tomo y lo dejo enfriar mirando el vapor, que se mueve como con criterio propio. Si te sobran diez minutos, te explico por qué mi flexo es más fiel que un perro.