Melena_887
Cada vez que saco brillo a los cubiertos antes de guardarlos, me convenzo de que ese pequeño resplandor espanta los días grises. Me da por oler la naranja antes de pelarla y cerrar los ojos un segundo, como si así viajara a un mercado que nunca he pisado. Tengo un vecino que silba los domingos a las once, nunca le he visto la cara pero ya le tengo cariño. Guardo las pinzas de tender en una lata de galletas danesas, la típica que luego nunca tiene galletas, y a veces las cuento sin querer. Si vienes con madalenas y un misterio insignificante, te explico por qué mi flexo es mi compañero de oficina favorito.