Nuez
De pequeña me pasaba las tardes de verano pegada al ventilador viendo cómo la rejilla le dibujaba bigotes de gato a la luz. Ahora, de mayor, me sigo quedando mirando cosas que no le importan a nadie: la sombra del tendedero en la pared, el brillo de una cucharilla nueva o la forma en que una aceituna flota en el vermut. Me sé de memoria el pedaleo del vecino del tercero al bajar la escalera y distingo si trae pan o viene del gimnasio. Mis manos huelen a tomatera en julio y a lavanda solo por las mañanas. Si estás cerca de un toldo a punto de romper, yo también estoy mirando.