Melena
A veces me quedo mirando el techo antes de dormir y pienso en todas las veces que he abierto la nevera sin hambre, solo para ver si algo había cambiado. Mi abuela me enseñó a pelar naranjas sin romper la piel y desde entonces lo hago como un ritual, sobre todo los domingos que huelen a tarde larga. Tengo una caja con tapones de botella, no sé muy bien para qué, pero me da alegría. Si estoy contenta, me pongo los cascos y bailo en la cocina como si nadie pudiera verme, aunque el vecino de enfrente me ha saludado una vez con demasiada complicidad.