En Nueva Esparta se usa para hablar de algo viejo, descuidado o medio en ruinas, sobre todo casas, ranchos o locales que dan pura lástima. Es como decir que está todo feo, parchado y a punto de caerse, aunque a veces se dice con cariño. Y hay que admitir que suena tan sabroso que provoca usarlo para todo.
Usado para describir ropa ridículamente pasada de moda o estilismos estridentes dignos de un carnaval. Perfecto para cuando los atuendos parecen haber sobrevivido un tornado por los años 80.
En Bogotá se le dice pichiruche a alguien medio chafa o de poca monta, ya sea una persona, una idea o hasta un plan. Es como decir que no da la talla, que está flojito y sin gracia. No va de “sabelotodo”, va más de cutre y barato. Suena feíto, pero es útil cuando algo decepciona.
En Uruguay se le dice pichiruche a alguien medio torpe, distraído o colgado, de esos que viven en la luna y van por la vida chocándose con todo. No siempre es un insulto heavy, suele ir en tono de cargada entre amigos o familia. Si te lo dicen, capaz te quieren, pero igual espabilá.
Se usa como apodo cariñoso para un niño chico, sobre todo cuando anda inquieto, haciendo travesuras o portándose medio mal, pero igual te da risa y no te sale retarlo en serio. Es como decir cabro chico o enano, pero con ternura y un toque de paciencia agotada.
Apodo de cachondeo para ese colega que se cree manitas y se mete a arreglar cualquier cosa sin tener ni idea. Va con toda la seguridad del mundo, pero lo deja peor que estaba y encima se queda tan pancho. En Cádiz se suelta con guasa, como diciendo: quita, que la vas a liar otra vez.
En Lima se usa para decir que algo es de poca monta, medio chafa o tirando a miserable. Puede ser un objeto, un plan, una excusa o hasta una persona, en plan despectivo pero cotidiano. Vamos, que si es pichiruche, no esperes gran cosa. Duele, sí, pero a veces es verdad.
Se dice de un coche o cacharro viejo y medio destartalado, de esos que van tirando por pura cabezonería y un par de apaños cutres. Suele sonar, vibrar y dar la sensación de que en cualquier momento te deja tirado, pero ahí sigue, como si tuviera orgullo. Muy de vacilar al colega por su trasto.