En Guatemala, un pichirilo es un carro viejito y medio hecho lata, de esos que andan por puro amor y maña. No es precisamente de lujo, pero te saca del apuro y hasta te da orgullo si lo tenés bien chineado. Suele oler a gasolina y aventura, y sí, a veces va amarrado con alambre.
En Madrid, pichirilo se usa para hablar de un cacharro viejo y medio cutre que funciona cuando le da la gana. Puede ser un ascensor, una moto, un aparato o lo que sea, pero siempre con pinta de estar a dos toses de morirse. Es cariñoso y quejica a la vez, y tiene su encanto.
En Valencia se le dice pichirilo a una bici vieja y medio hecha polvo, de esas que van tirando con parches, ruidos raros y más fe que mantenimiento. Se usa para vacilarte a ti mismo o a un colega por ir con una bicicleta cutre, pero que cumple. No es insulto serio, es cachondeo del bueno.
En Caldas se le dice pichirilo a un carro viejito, medio destartalado, que suena a lata pero igual te saca del apuro. Va con cariño y con recocha, como diciendo que es una reliquia con mañas, pero cumplidora. No es un insulto pesado, más bien una forma de vacilar al dueño sin mala leche.
En Chile se le dice pichirilo a algo viejo, chico o medio penca, sobre todo si está destartalado y funciona a puro aguante. Puede ser un auto, un celu o cualquier cacharro que ya dio la vida, pero igual te salva. Es cariñoso y un poco burlón, como decir que es una reliquia, pero apañadora.
En Ecuador, pichirilo se le dice a un sitio chiquito, medio improvisado y algo destartalado, pero que igual cumple y hasta se gana el cariño del barrio. Puede ser un restaurante, una tiendita o cualquier huequito que se cae a pedazos, pero te salva con comida rica y barata. Feo por fuera, joya por dentro.
Así le dicen los paisas a esos carritos viejos que parecen más pegados con chicle que otra cosa. Si tu carro se está cayendo a pedazos pero todavía lo montás, ¡es un pichirilo!