En Cuba, maluco se usa para decir que algo está chungo, raro o medio torcido. Puede ser una persona con mala pinta, un plan que huele a lío o una situación que se puso fea y no promete nada bueno. No es tanto “explotó todo”, más bien “esto está mal y va pa’ peor”.
En Colombia se usa para decir que algo está feo, de mala calidad o que salió mal. También puede ser que alguien se sienta maluco, o sea, medio enfermo o indispuesto. No es tanto de confuso, es más de mal sabor de boca. Suena suave, pero deja claro que la cosa estuvo regular tirando a mal.
En Chile se usa para decir que algo está raro, chueco o medio sospechoso. Puede ser una comida con mezcla imposible, un olor que no cuadra o una situación que te da mala espina. No es necesariamente malo, pero sí extraño y poco confiable. Palabra simple, pero pega fuerte cuando algo no te convence.
Se le dice a alguien que va de rebelde y transgresor, pero en plan de manual, puro cliché de película adolescente. El típico que se arma el personaje de bad boy con moto, campera de cuero y pose de “no me importa nada”, pero se nota que es más actuación que otra cosa. Da un poco de cringe, la verdad.
En Venezuela se usa para decir que alguien está de mal humor, con cara de pocos amigos o medio amargado por algo que le pasó. Es como decir que anda cruzado, fastidiado o con la mecha corta. No es un insulto súper grave, pero sí avisa que mejor no le busques conversación. Y la verdad, todos nos ponemos malucos a veces.