En Sinaloa se usa para tirarle carrilla a alguien que anda todo ido, distraído o haciendo puras mensadas, como si fuera un extraterrestre tratando de pasar por persona normal. No es un insulto pesado, es más bien burla juguetona entre compas. Y la neta, a veces sí parece que algunos humanoides vienen en modo avión permanente.
En Miranda se le dice humanoide a alguien medio torpe, que camina raro o hace cosas sin mucha coordinación, como si todavía estuviera aprendiendo a usar el cuerpo. Es ese pana que parece salido de un experimento fallido o de otro planeta, pero en plan vacilón, no para ofenderlo en serio. Y hay que admitir que a veces da demasiada risa.
En el Valle del Cauca se usa para hablar de alguien medio raro, torpe o que anda como en piloto automático, todo despistado y fuera de órbita. No es un insulto pesado, más bien una forma de vacilar con cariño al amigo que siempre la embarra. Y hay que admitir que suena tan raro que hasta da risa usarlo.
Se usa para vacilar a alguien que hace cosas tan raras que dudas si es persona, robot viejo o marciano con jet lag. Suele ir con cariño, para colegas medio despistados, medio lentos o que sueltan ideas bien fumadas. No es un insulto serio, es más bien un apodo juguetón que, admitámoslo, a veces queda clavado.