En Canarias se dice estar de molinillo cuando alguien está de muy buen humor, con la energía a tope y todo le parece bien. Es como ir por la vida con sonrisita de fondo y cero dramas, disfrutando el día. Suena tan alegre que casi dan ganas de estar siempre de molinillo, la verdad.
Se dice cuando se te queda una canción, un estribillo o una frase dando vueltas en la cabeza sin parar, como si tuvieras un molinillo dentro haciendo ruido todo el día. Es ese bucle pesado que tarareas sin querer, aunque estés currando, conduciendo o intentando dormir. Te acaba sacando de quicio, pero tiene su puntito.
Se dice cuando alguien no para quieto y va a mil, haciendo mil cosas a la vez, como un molinillo dando vueltas sin descanso. Vale para el curro, la casa o el bar de la esquina: hoy friegas, contestas el móvil y encima te da tiempo a vacilar. Vamos, que estás hiperactivo y con prisa.
Se dice de alguien que va a mil, con la cabeza dando vueltas y soltando ideas y planes sin parar. Hoy te monta un proyecto, mañana te cambia el guion y pasado se apunta a otra movida. Puede ser creatividad pura o puro nervio, según el día. Vamos, que lo tienes en modo centrifugadora y no hay quien lo frene.
Se dice cuando estás esperando algo y la espera se hace eterna, de esas que te desesperan y te dejan ahí plantado sin poder avanzar. Vamos, que estás parado, dando vueltas en la cabeza y sin solución a la vista. Muy de cuando el tiempo pasa lento y tú ya estás por tirarte de los pelos.
Se dice cuando alguien está hecho un lío y no para de cambiar de idea cada dos minutos. Hoy sí, mañana no, luego que si mejor otra cosa. Vamos, que va dando vueltas como un molinillo y no se decide ni a la de tres. Muy útil para describir a la peña indecisa, y un poco desesperante también.
Se dice cuando un cotilleo, una noticia o un salseo está rulando por todos lados y la peña no habla de otra cosa. Vamos, que hay runrún, revuelo y cada uno le mete su versión como si fuera periodista. Muy de patio y de barra de bar, de esos temas que acaban enterándose hasta los que pasaban por allí.
Se dice cuando un sitio o una situación se vuelve un jaleo tremendo: voces por todos lados, gente opinando a la vez, nadie se entiende y todo va a mil. Vamos, que aquello parece una batidora social. Muy de Madrid para describir un bar, el metro o una reunión que se desmadra en cero coma.