Se dice cuando te pones a chismear con alguien, o sea, a hablar de la vida ajena, comentar el último cuento y pasar el rato con el chisme bien servido. Puede ser inocente o medio venenoso, depende del parche. En Bogotá suele ir con tintico y risas, y a veces con un ay nooo, ¿en serio?
Se dice cuando te pones a platicar y a chismear a gusto, normalmente sobre la vida ajena, con su dosis de drama, detalles jugosos y risita cómplice. No siempre es mala onda, a veces es puro cotorreo para matar el rato. Eso sí, si te clavas, ya no sales del chisme ni con grúa.
Se dice cuando te pones a chismear a gusto, o sea, a contar y comentar los detalles jugosos de la vida ajena. Suele ser entre compas, con cafecito o unos tacos, y con ese tonito de “no es por nada, pero…”. No siempre es mala onda, a veces es puro cotorreo. Y sí, engancha.
Se dice cuando te pones a platicar chismes, o sea, a soltar y escuchar el cotilleo más fresco del barrio. Es juntarte con alguien para ponerte al día, comentar quién anda con quién y qué pasó en la cuadra. No es precisamente deporte olímpico, pero en Tlaxcala se entrena con cafecito y risas.
Expresión muy bogotana para hablar de ponerse a contar chismes con todo el dramatismo posible, casi como si uno estuviera actuando en plena telenovela. Es la actividad estrella cuando se junta el combo con café, pandebono y ganas de rajar sabroso. Y hay que admitir que cuando el chisme está bueno, nadie se quiere ir.
Se usa para hablar de la actividad sagrada de sentarse a platicar de todo lo que pasó en el barrio, la familia y hasta en el grupo de WhatsApp. No es solo repetir chismes, es adornarlos, meterle sabor, risa y drama. Básicamente, terapia colectiva con café, pan y un poquito de veneno sabroso.
Versión zacatecana de ponerse al día o platicar, pero con sabor a jugoso cotilleo que nadie pidió.
En Risaralda echar chisme es casi deporte nacional. Es sentarse con los panas a rajar sabroso de la vida ajena, ponerse al día con los cuentos del barrio y soltar chascarrillos mientras se baja un tintico bien cargado. No siempre es malintencionado, pero sí bien sabroso. Y aceptémoslo, a todo el mundo le gusta un buen chisme.