En el Chaco, achicar no es solo hacer algo más chico, también es recortar sueños, planes o expectativas cuando la realidad te pega un cachetazo. Es cuando ves que la plata, el tiempo o la energía no dan y tenés que bajar un cambio. Duele un poco, pero también te salva de hacer papelones, hay que admitirlo.
En Moquegua achicar no es encogerse de miedo, es todo lo contrario. Cuando alguien te suelta achica el vino te está diciendo que le entres con ganas, que bebas sin roche hasta dejar el vaso seco. Es como una invitación cariñosa a no hacerse el tímido con la chela o el vino, y la verdad es que suena bien motivador.
En Arequipa achicar es rajarse a última hora por miedo, vergüenza o pura falta de huevos. Es cuando dices que sí muy valiente, pero llega el momento de la verdad y te haces chiquito y desapareces. Es como encogerse ante la situación, bien cobarde, aunque luego pongas excusas bien creativas para justificarte.
En Extremadura achicar es más que hacer algo pequeño. También se usa para hablar de sacar coraje y plantarle cara a una situación chunga, aunque te tiemblen hasta las pestañas. Es como decir que te armas de valor y tiras p’alante, aunque por dentro estés pensando quién narices te mandaría meterte en ese lío.