En Puno, tantear es mirar con calma y evaluar cómo viene la mano, ya sea con una persona, una situación o hasta con la comida. Es como probar el terreno sin lanzarse de cabeza, midiendo si conviene o no. Se usa mucho cuando alguien está viendo si le gusta alguien o si un negocio vale la pena.
En Santander, tantear no es ir a ciegas tocando cosas, sino probar hasta dónde llega alguien, medirle las intenciones o ver si se anima a meterse en un plan medio turbio o en un chisme gordo. Es como lanzar el anzuelo a ver si el otro pica. Y la verdad, a veces tiene su arte.