En Norte de Santander se usa para hablar de un trueque medio chueco, un intercambio de cosas usadas o raras donde nadie sabe bien quién ganó. Es como ese negocio improvisado en la cuadra que empieza con un favor y termina en novela. Suena a trampa, pero también a creatividad de barrio, y hay que admitir que tiene su encanto.
En Campeche se usa para hablar de un trueque o intercambio, normalmente informal y entre compas. No es tanto comprar y vender, sino cambiar cosas y salir ganando los dos, con plática, confianza y ese toque de relajo. También puede sonar a mezcla medio improvisada, como cuando todo se resuelve con ingenio y buena onda.
Se usa para hablar de un trueque, un intercambio de cosas sin meter plata de por medio. En Táchira suena bien de calle, como cuando cambias algo por otra cosa y, si eres vivo, hasta sales ganando. Puede ser desde comida y animales hasta cachivaches. Ojo, no es estafa, es negociar con maña.
En Tabasco, un cambalache es un trueque entre compas: tú me das algo y yo te doy otra cosa, sin soltar lana. Se usa cuando andas corto de dinero o cuando pinta la solidaridad del barrio. También vale para intercambios medio improvisados, de esos que se cierran con un apretón de manos y ya quedó.
En CDMX se usa para hablar de un intercambio o trueque medio improvisado, de esos de barrio: tú me das algo, yo te doy otra cosa y tan tan. No tiene que ser formal ni justo, a veces es puro cotorreo para salir del paso. También puede sonar a mezcla medio revuelta de cosas. Y sí, suele acabar en regateo.
Se usa para hablar de un trueque, o sea, cambiar una cosa por otra sin soltar lana. Puede ser entre compas, familia o vecinos, ya sea por andar cortos de feria o por puro colmillo de no gastar. También puede sonar a intercambio medio improvisado, de esos que se cierran con un apretón de manos.