Hector
Ciudad de México
Tengo debilidad por los desayunos larguísimos, las croquetas sospechosamente buenas y los mapas viejos que no llevan a ninguna parte. Hago bizcochos torcidos con mucha dignidad y una vez intenté aprender ukelele solo para tocar dos canciones y presumir regular. Me sé los nombres de tres gatos del barrio y uno me ignora con una elegancia que admiro. Cuando llueve, abro la ventana para oler la calle y me entran ganas de ordenar cajones que luego vuelvo a desordenar. Si traes café y una historia rara, yo pongo las galletas y mi teoría de que las cucharillas desaparecen por puro drama.