Diminutivo de teporocho, que en México se usa para referirse a un borrachín de la calle o alguien bien tirado por el alcohol. Decir teporochito puede sonar más de carrilla que de odio, como cuando el compa ya anda medio perdido pero sigue cotorreando. Ojo, no es precisamente un halago fino, pero tiene su gracia.
En Monterrey se lo dices al compa que, aunque ande corto de lana, siempre se las ingenia para que haya chelas, carne y plan. Es el que aparece con presupuesto fantasma cuando todos ya están en modo fin de quincena. No es exactamente un teporocho de la calle, más bien el rey del milagro fiestero. Y sí, da coraje.
En la CDMX se usa para referirse, en diminutivo, a un teporocho: alguien bien tirado a la calle, a veces alcohólico, que anda deambulando y suele oler a chela o solvente. Puede sonar medio burlón o hasta cariñoso según el tono, pero no es precisamente un halago. Tiene su lado de humor negro, la neta.
Se refiere a esa leyenda urbana hecha carne que aparece en los momentos más inesperados con las botellas llenas de historias paranormales y anécdotas tan increíbles que uno nunca sabe cuándo pasan de rumores a realidad, según él su abuelo luchó contra ovnis en los cincuenta.
Forma medio cariñosa medio burlona de hablar del compa que siempre anda medio entonado, con su chelita en la mano y la risa floja. Es como decir borrachito de confianza del barrio, el que ya todos conocen por pistear diario. Suena chistoso, pero también trae su toque de crítica, así que se usa con cuidado.