En Chile se usa para hablar de cosas viejas, rotas o medio inútiles que uno igual guarda por si acaso. Pueden ser cacharros, juguetes cojos, cables que nadie sabe de qué son o pura chatarra sentimental. Básicamente es ese montón de cosas que da pena botar, aunque todos sabemos que casi nunca sirven. Y hay que admitir que todos tenemos nuestro rincón de cachureos.
Un cachureo es cualquier cosa vieja, rota o medio inútil que igual guardas porque te da pena botarla. Puede ser un cable que no sabes de qué es, una radio muerta o un adorno feo que te regaló la tía. No sirve de mucho, pero ahí queda juntando polvo y haciendo bulto en la casa.
En Chile, un cachureo es cualquier cosa vieja o medio inútil que tenís guardada por si acaso. Puede ser un cable que no calza con nada, una radio que no prende o una rueda oxidada. No vale mucho, pero botarlo da pena. También se usa en plural para hablar del desorden lleno de trastos.
En Chile se le dice cachureo a cualquier cosa media inútil que igual guardas por si acaso y termina juntando polvo. Son esos objetos que no botan nunca, desde cables viejos hasta adornos feos que te regaló la tía. Básicamente, el cachureo vive en la bodega, en el clóset y en el cajón de las cosas misteriosas.
En Atacama un cachureo es ese cacharro viejo, roto o feo que para el resto es pura basura, pero tú juras que todavía sirve o que tiene valor sentimental. Puede ser desde una radio del año de la pera hasta una polera llena de hoyos. Y hay que admitir que todos tenemos un rincón lleno de cachureos escondidos.
En Chile un cachureo es cualquier cosa vieja, rota o medio inútil que igual guardas por si acaso. Puede ser desde cables enredados hasta una radio que ya ni prende, pero ahí sigue ocupando espacio. Es como el tesoro del desorden, porque uno jura que algún día va a servir para algo, aunque todos sabemos que no.
Se refiere a objetos viejos, en desuso o de poco valor.
En Chile, y muy típico en la zona de Coquimbo, un cachureo es ese trasto que anda dando vueltas por la casa: cachivaches, cosas viejas, recuerdos sin uso o pura chuchería que nadie bota “por si acaso”. También se usa en plural para hablar del montón de cosas acumuladas. Da risa, pero todos tenemos un rincón así.