Se usa cuando alguien se manda una cagada importante, de esas que hacen ruido en todo el barrio y quedan para la anécdota eterna. Es como decir que el error fue tan grande que dejó marca y todo el mundo se enteró. No es literal, obvio, pero cuando suena la campana así, sabés que alguien se mandó flor de macana.
Se usa cuando alguien recibe un golpe tan duro que casi ve estrellitas, o cuando una noticia lo deja noqueado del susto. Viene de la imagen del boxeador al que le suena la campana porque está grogui. Es muy de barrio, muy gráfica y, la verdad, bastante divertida cuando no eres tú el que recibe el golpe.
Se usa cuando a alguien ya lo cacharon, ya se metió en broncas o le llegó la hora de pagar las consecuencias. Es como decir que se acabó el juego y ya no hay forma de zafarse. Muy de cuando la riegas y el destino te cobra factura sin avisar, aunque a veces hasta da risa ajena.
Se usa para hablar de banda que presume de más, que hace un escándalo por cualquier logro medio chafa o cosa equis. Es como decir que anda haciendo ruido nomás por llamar la atención, aunque lo que consiguió no sea la gran cosa. Y la neta, a veces da risa ver cómo suena la campana por tan poquito.
Se dice cuando se destapa algo que se quería tener bien guardadito y, de repente, se hace público. Vamos, que el secreto truena y ya no hay manera de hacerse el loco. Puede ser por chisme, por descuido o porque alguien habló de más. En Puebla suena muy a: ya valió, ya se supo.