Se usa cuando alguien queda en evidencia, hace el ridículo o mete la pata tan fuerte que todo el mundo se da cuenta. Es como decir que se le vino abajo la fachada y ya no puede disimular la pena ajena. A veces da risa, a veces da vergüenza ajena brutal, pero igual se suelta la frase sin piedad.
Se dice cuando a alguien se le cae la fachada y se le nota lo menso o lo mal informado. Iba muy seguro, muy sabelotodo, y de repente suelta una burrada que lo deja en evidencia. También aplica cuando se le ve el cobre a alguien que presumía mucho. Duele, pero da risa.
Se dice cuando alguien mete la pata y deja al descubierto algo que era mejor callarse, como un secreto, una mentira piadosa o un detalle vergonzoso. Es esa indiscreción que te descuadra el plan y te deja en evidencia delante de todo el mundo. Suena muy de regaño, pero también tiene su toque chistoso.
Se le dice a alguien cuando se le cae la careta y queda en evidencia. Iba de canchero, de capo o de que la tenía re clara, y de golpe pasa algo que lo deja pagando. Es como un bajón público: se te desarma el personaje y todos se dan cuenta. Duele, pero es bastante gracioso.
Se dice cuando intentas quedar de crack, normalmente ligando o vacilando, y te sale el tiro por la culata. Sueltas una frase intensa o una jugada “maestra” y acabas haciendo el ridículo, con silencio incómodo o risas. Vamos, que se te cae el tinglado delante de todo el mundo y te quedas retratado.
Se dice cuando alguien queda en evidencia o se le viene abajo la fachada, como que se le cayó el teatro y se notó todo. Es ese momento en que ibas de bacán, con el plan armado para lucirte, y por un detalle te pillan al tiro o te sale todo mal. Duele, pero da risa.