Forma muy coloquial y cariñosa de llamar a un niño o a alguien joven en Boyacá. Se usa para hablar del chino inquieto del barrio, del sobrino hiperactivo o de cualquier pelado que no para un segundo. Suena cercano, campesino y con ese sabor boyacense que hace que hasta el regaño suene medio tierno.
En Panamá, pela'o es una forma bien callejera de decir chico, muchacho o chaval, normalmente joven. Puede sonar cariñosa o medio regañona, según el tono y la cara que pongas. Se usa un montón en conversaciones del día a día, como cuando hablas del hijo del vecino o del man que anda por ahí.
En el Cesar le dicen pelao al adolescente o pelado joven que anda en la jugada, parchando con los amigos, creyéndose muy avispado y adulto. A veces sí sabe qué hace y a veces está más perdido que un turista en Aguachica, pero igual se la tira de importante. Es una forma muy costeña y cariñosa de hablar de los muchachos.
En el Quindío se usa para hablar de un niño o un joven, casi siempre con cariño o confianza de barrio. Es como decir chiquillo, muchacho o pelado, pero con ese sabor costeño que se pegó por todo el país. No es muy formal que digamos, pero suena cercano y hasta tierno, según el tono.
En la Costa Caribe, y en Cesar en particular, pelao' es como decir chico, muchacho o pelado. Se usa para llamar a un joven o a un amigo, a veces con cariño y a veces para regañarlo suave. Es súper de calle y muy común en charla diaria. Si te lo sueltan, es que hay confianza.
En Cesar y la Costa Caribe se usa para referirse a un niño o a un joven, casi siempre con tono cariñoso y relajado. Puede ser el sobrino inquieto, el vecino que arma bulla o el amigo menor del combo. A veces suena a regaño suave, pero en el fondo lleva cariño costeño del bueno.
En el Valle del Cauca se usa para hablar de un chico joven, casi siempre adolescente o pelado de barrio, con tono entre cariñoso y regañón. Sirve tanto para el sobrino inquieto como para el vecino que arma bulla en la esquina. Según el tono puede sonar tierno o a jalón de orejas, y la verdad es que se usa un montón.
Forma muy panameña, cariñosa y relajada de llamar a los jóvenes, niños o incluso a un adulto si hay confianza. Depende del tono puede sonar tierno, regañón o vacilón, pero casi siempre viene con cariño tropical incluido. Es de esas palabras que escuchas en la calle y ya sabes que hay buen ambiente, aunque te estén jalando las orejas.