En Perú, decirle a alguien muñeco es soltarle un piropo: un pata bien guapo, bien arreglado, de esos que parecen de vitrina. Se usa mucho en plan coqueto o entre amigas comentando al chico que les gusta. Ojo, que también puede ir con ironía si el muñeco se cree la última Coca-Cola del desierto.
En Bogotá decir que alguien es un muñeco es decir que está muy bien arreglado, bien vestido y bien presentado, casi como modelo de vitrina. No solo es que sea guapo, también que se nota el estilito, el peinado, la pinta completa. Es un cumplido bien rolo, aunque a veces se usa medio en chiste cuando alguien se arregla demasiado.
En Meta se usa para hablar en tono medio burlón del man que se cree la última Coca-Cola del desierto, todo lindo, peinadito y bien vestido, pero que por dentro no tiene mucha cosa. Es como decir que es pura pinta y cero contenido. A veces se dice con cariño, pero igual lleva su veneno y la pullita va incluida.
En Norte de Santander se usa para hablar del novio o del chico que te gusta mucho, con un tono bien cursi y empalagoso. Es como decir que el tipo es tan lindo que parece de vitrina, todo consentido y mimado. Suena romántico, pero también un poco chistoso, y hay que admitir que a veces da ternura usarlo.
Forma sarcástica de referirse a alguien que se cree la gran cosa, pero no es la última Coca-Cola del desierto.