Se usa para decir que alguien está muy bien informado, al día de todo el salseo y las novedades, como si fuera subido a una tabla pillando todas las olas. Es como decir que no se le escapa una, que va en primera fila del cotilleo y de la información fresca. Y oye, da gustito tener a alguien así cerca.
Se usa para describir a alguien que está pasándola mal, ya sea económicamente o emocionalmente. Como quien está al borde del abismo, manteniéndose a flote con apenas lo necesario.
Se dice cuando andás sin plata y con la billetera más flaca que una tabla. Vamos, que estás corto, endeudado o contando monedas para llegar a fin de mes. En Santa Cruz suena bien gráfico, como si tu economía estuviera planchada y sin relieve. Útil para quejarse sin ponerse dramático, pero igual duele.
Se usa para decir que alguien está pelado, justo de plata o derechamente endeudado, como sobreviviendo apenas sobre una tabla en medio del mar. Es muy de conversación cotidiana cuando el sueldo no alcanza y hay que estirar las lucas hasta fin de mes. Y sí, duele, pero al menos da para reírse un rato de la miseria.
En Lima se dice cuando estás misio, sin plata y contando monedas para sobrevivir. Es ese momento en que el sueldo ya voló, la billetera está en modo desierto y cualquier plan te da ansiedad. También vale para ir justo, sin margen para nada. Duele, pero es bien real.
En Santa Fe se usa para decir que alguien está re perdido, colgado mal, que no entiende nada de lo que pasa a su alrededor. Es como estar en otra, en modo estatua, sin reaccionar. Sirve tanto para cuando no cazás una en clase como cuando te hablan y vos estás en la luna. Y hay que admitir que suena bastante gracioso.