Se dice cuando alguien se pone a inventar historias o a exagerar a lo bestia para quedar como un berraco, impresionar o salirse con la suya. Muchas veces va con sospecha de mentira, tipo: ese man está echando cuentos y ni él se cree lo que dice. Es bien de parche y de regaño suave, pero pica.
En Boyacá se dice cuando alguien se pone a inventar, exagerar o meterle cuento a una historia para quedar bien o impresionar. No siempre es mentira pura, a veces es puro adorno y carreta. Se usa mucho para bajarle el humo a alguien que habla de más. Y sí, suele dar risa cuando se le nota.
En Panamá se usa para decir que alguien está inventando cosas, adornando la historia o metiendo mentiras con toda la frescura del mundo. Es como cuando el man se embala hablando y cada vez suena más increíble. A veces es puro relajo, pero otras ya uno sabe que el tipo vive de echar cuentos.
En Caracas se usa para hablar de alguien que inventa historias exageradas, medio fantasiosas, para salir de un problema o quedar como un crack frente a los panas. A veces es pura labia, otras es cuento con algo de verdad. Es como tener un talento especial para adornar la realidad, y hay que admitir que a veces es divertidísimo.
Se dice cuando alguien se pone a inventar historias o a exagerar a lo loco, ya sea por quedar bien, llamar la atención o sacarse una excusa del bolsillo. Es como decir que está metiendo carreta o echando pura habladera. Muy de parche, y sirve para bajarle el humo al que se cree novelista.