Refrán que se suelta cuando alguien va de sabio dando lecciones, pero luego en su propia vida no aplica nada de lo que predica. Es como decirle con guasa que se baje del pedestal y se mire un poquito al espejo. Suena suave, pero lleva su collejita moral incluida, y la verdad es que tiene bastante arte.
Dicho para señalar, con retranca, a quien va dando lecciones y consejos a todo el mundo, pero luego en su vida no se aplica ni uno. Vamos, que predica mucho y practica poco. Se suelta para pinchar un poco y dejar claro el doble rasero sin montar un drama.
Dicho para señalar, con retranca, a la persona que va repartiendo consejos como si fuera gurú, pero luego no se aplica el cuento ni de broma. Se usa mucho cuando alguien predica sobre ahorrar, portarse bien o llevar una vida ordenada, y después hace justo lo contrario. Vamos, que da lecciones pero no se las cree.
Se dice de quien va por la vida dando lecciones y consejos a todo el mundo, pero luego en su propia casa no se aplica ni uno. Vamos, que predica mucho y practica poco. Sirve para pinchar con gracia a ese “experto” que te suelta la charla y después la lía igual o peor. Clásico.
Dicho para señalar a quien va de gurú repartiendo consejos a todo el mundo, pero luego en su propia vida no se aplica ni uno. Se usa mucho con tono de cachondeo cuando alguien predica y no practica, sobre todo en amor, pasta o hábitos. Vamos, que da lecciones y luego la lía igual o peor.