En Apurímac se usa para vacilar con cariño a alguien que se pone nervioso, se queda pasmado o se achica cuando pasa algo intenso. Es como decir que se queda frío, medio asustado y sin reacción, aunque por dentro esté a mil. Sirve para reírse un poco del colega tímido, pero sin mala leche, más bien con complicidad.
Apodo medio tierno medio vacilón para alguien que se pone triste o melancólico por cualquier cosa, como si se tiñera de azul. En Puno puede recordar al color del Titicaca, todo dramático y profundo. Se usa para bajarle el drama a la situación y de paso meterle un poco de cariño y chacota.
Apodo cariñoso para el amigo que vive medio volado, siempre relajado y con la cabeza en otra galaxia. Es ese personaje que nunca se calienta, que se toma todo con calma y parece flotar por la vida. En Córdoba suena a mezcla de ternura y cargada, y hay que admitir que el mote tiene su encanto psicodélico.
Forma medio burlona y medio cariñosa de llamar a alguien que arma un show exagerado por una tontería, como si se pusiera todo intenso por nada. Se usa entre panas para bajarle dos al drama y recordarle que está haciendo un escándalo innecesario. Es de esas palabras que suenan suaves pero van con su buena pullita incluida.
Apodo cariñoso para alguien que va bien vestido, con pinta elegante y un estilo fresco que llama la atención, como cielo despejado en mañana helada puneña. Se usa para vacilar con cariño al pata que se ha arreglado más de lo normal, como diciendo que hoy sí se ha puesto modo galán. Y hay que admitir que suena bien simpático.
En Nueva Esparta le dicen azulito a un pescado barato, fresco y bien rendidor, perfecto para armar un sancocho playero con toda la familia. Es de esos pescados que siempre aparecen en el mercado temprano y salvan la comida del día. No será fino ni glamuroso, pero llena, sabe sabroso y deja a todo el mundo contento.