En Iquitos se le dice zanahorio a la persona buena onda, tranquila, que no le hace daño a nadie, pero que es medio lenta para captar las cosas. No es un insulto pesado, es más como vacilar al amigo que se queda colgado o se confunde fácil. Es como decir medio pavo, pero con sabor bien selvático yiquiteño.
En Ayacucho se le dice zanahorio al joven medio inocente, medio lenteja, al que siempre se le puede tomar el pelo porque cae en todas. No es un insulto hardcore, más bien una burla cariñosa para el pata que vive en la luna. Y hay que admitir que la palabra suena tan tierna que hasta provoca ser uno.