En Chile, una mota es esa modorra pesada que te cae encima después de pegarte un atracón, sobre todo si te tiras a la cama o al sillón tras la sobremesa. Es el sueño post-comida en modo apisonadora, de esos que te dejan medio zombie y con cero ganas de hacer nada. Rica, pero traicionera.
En Andalucía, una mota es ese moño improvisado y medio salvaje que te haces con el pelo cuando pasas de peinarte o vas con prisas. Suele quedar alto, despeinado y con actitud de domingo eterno. No es un peinado de peluquería, pero te saca del apuro y, si te crece, hasta impone respeto.
En Madrid, mota suele ser esa pelusilla o bolita de polvo y fibras que se te queda pegada en la ropa, en el sofá o donde sea. También se usa para la pelusa del ombligo, sí, pero no hace falta lo de “meses de atracones”. Es una palabra simple y muy de andar por casa.
Palabra muy usada en México para referirse a la marihuana, casi siempre en plan recreativo y relajado. Suena más de barrio que decir cannabis, y se usa entre amigos cuando hablan de armar un porro, ponerse bien o llevar algo para la fiesta. Es coloquial, directa y la vas a escuchar en todos lados.