En Chile, una mota es esa modorra pesada que te cae encima después de pegarte un atracón, sobre todo si te tiras a la cama o al sillón tras la sobremesa. Es el sueño post-comida en modo apisonadora, de esos que te dejan medio zombie y con cero ganas de hacer nada. Rica, pero traicionera.

"Oye, el Nico se mandó dos platos y un postre y le pegó una mota brígida, quedó raja en el sillón y ni escuchó el timbre."

En Andalucía, una mota es ese moño improvisado y medio salvaje que te haces con el pelo cuando pasas de peinarte o vas con prisas. Suele quedar alto, despeinado y con actitud de domingo eterno. No es un peinado de peluquería, pero te saca del apuro y, si te crece, hasta impone respeto.

"Niña, bájate esa mota que pareces una antena 5G. Peínate un poco, que vamos a la tienda y el aire te la deja como un nido de gorriones."

En Madrid, mota suele ser esa pelusilla o bolita de polvo y fibras que se te queda pegada en la ropa, en el sofá o donde sea. También se usa para la pelusa del ombligo, sí, pero no hace falta lo de “meses de atracones”. Es una palabra simple y muy de andar por casa.

"Tío, me he levantado del sofá y llevo una mota pegada en la camiseta que parezco un gato en época de muda, qué cuadro."

Palabra muy usada en México para referirse a la marihuana, casi siempre en plan recreativo y relajado. Suena más de barrio que decir cannabis, y se usa entre amigos cuando hablan de armar un porro, ponerse bien o llevar algo para la fiesta. Es coloquial, directa y la vas a escuchar en todos lados.

"Ese compa siempre cae con mota a las pedas, ya hasta parece proveedor oficial del grupito"

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