Significa "llevarse una decepción", "decepcionarse". Especialmente cuando creías que algo iba a salir bien pero de repente sale mal o fatal.
Se dice cuando te llevas una decepción buena, de las que te bajan de la nube en dos segundos. Vas con ilusión, te haces la película y, zas, la realidad te pega un corte. En Valencia se usa mucho con el drama paellero: esperas gloria y te sirven un arroz tristón. Duele, pero tiene su puntito.
Se dice cuando te llevás una decepción o un desengaño, sobre todo porque esperabas algo buenísimo y al final era puro humo. Es ese golpe bajón de pasar del hype a la cara de póker en dos segundos. En Buenos Aires se usa un montón, desde compras truchas hasta citas que pintaban épicas.
Se dice cuando te llevas una decepción o un desengaño, porque esperabas algo chido y la realidad te da un zape. Es ese bajón de descubrir que no era como te lo pintaron, que te ilusionaste de más o que te vendieron humo. No es tragedia, pero sí te deja con cara de ¿neta?.