En El Salvador se dice cuando alguien anda de lambiscón, haciéndole la pelota a otra persona para sacar algo a cambio. Es el típico que se desvive en halagos, se pega como chicle y hasta se humilla con tal de quedar bien con el jefe, el profe o quien tenga el poder. Da pena ajena, pero pasa seguido.
En Honduras se dice cuando alguien está echando paja, inventando historias bien jaladas o exagerando a lo loco para impresionar. Es como hablar por hablar, con cuento barato y cero pruebas, puro show. Se usa para bajarle el humo a alguien que se cree vivo. Suena vulgarcito, pero tiene su gracia cuando el cuentero se pasa.
En Venezuela, 'lamber burro' se utiliza jocosamente para describir a alguien que inventa excusas elaboradas por no hacer algo tan sencillo como sacar la basura o lavar platos, acomodando las excusas como un cantante lírico.
En Perú se dice de alguien que habla como si fuera experto, pero en realidad está puro floro. Presume, mete seguridad a lo loco y suelta datos inventados para quedar bien o impresionar. Vamos, el típico que te chamulla con cara seria y espera que nadie le pregunte mucho, porque ahí se le cae el castillo.
En Puerto Rico se dice lamber burro cuando alguien está ahí, pegado y embobado, mirando o haciendo algo sin ganas, por puro aburrimiento o por matar el tiempo. Es como estar en modo zombi, sin aportar nada y sin prisa. Suena medio vacilón y un poquito burlón, pero bien cotidiano.
En Guatemala se le dice a alguien que es un metiche pesado, de esos que se aparecen sin invitación y te arruinan el momento. Es como ser el aguafiestas oficial o el que siempre llega a interrumpir justo cuando iba a pasar algo bueno. Suena medio burlesco y sirve para soltar la queja sin ponerse demasiado serio.