En jerga peruana, jamearse es quedar tan cansado que ya no das más, como si te hubieran exprimido. Es ese nivel de fatiga en el que el cuerpo pide cama, sillón o lo que sea para tirarse y no moverse. Suena dramático, pero justo por eso tiene su gracia, parece escena final de novela barata.

"Hermano, después de subir ese cerro con la resaca encima me jameé feo, me tiré en la cama y ni para ir a comprar una gaseosa me podía parar."

Usado cuando alguien decide descansar o relajarse a lo grande, casi como desaparecer del mundo por un rato.

"Oe, ¿y el Chino? Ya sabes cómo es, se fue a jamearse toda la tarde en su cama mientras cae la calor."

Verbo bien trujillano para cuando una comida te pega tan duro de lo buena que te pones sentimental, como si te fuera a salir la lagrimita. Se usa sobre todo con platos típicos y vainas caseras que saben a gloria. No es que estés triste, es puro disfrute y antojo nivel leyenda.

"Mano, probé el mute trujillano y me dio una vaina que casi me jameo ahí mismo, qué sabor tan brutal, hasta pedí repetir."

En Lima se usa jamearse para decir que alguien se zampa toda la comida sin vergüenza, sin dejar ni las migas para los demás. Es como activar modo aspiradora en plena reunión familiar o tono de patas. Suena gracioso, pero cuando te quedas sin plato mientras el otro sigue masticando, ya no hace tanta gracia.

"Invitamos a Juan a la parrillada y el causa se jameó todas las alitas, los chorizos y hasta la ensalada, nos dejó mirando el plato vacío como unos sonsos."

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