En Cesar se usa para hablar de aguantar una espera larga y cansona, casi siempre en filas eternas donde el tiempo no pasa ni a bala. Es como resignarse a la mamera de esperar turno, pero con ese toque costeño de paciencia y quejadera a la vez. Y la verdad, todos hemos hecho la bendita cola alguna vez.
En Venezuela se usa para decir que te toca ponerte en una fila, normalmente larguísima, para comprar algo, hacer un trámite o agarrar un cupo. Suele implicar paciencia, calor, madrugón y ese ambiente de gente echando cuento mientras espera. Vamos, el deporte nacional cuando hay escasez.
En Puerto Rico, hacer la cola es darle a alguien un regaño fuerte, un boche de los que te dejan mirando pa' la pared y pensando en tus decisiones. No va de hacer filas ni de esperar turno, va de que te van a cantar las cuarenta. Si te dicen eso, ve ensayando la cara de yo no fui.
En Argentina, hacer la cola es simplemente ponerse en la fila y esperar tu turno, ya sea en el súper, el banco o para entrar al boliche. No tiene misterio ni chisme obligatorio, aunque a veces la cola viene con charla y puteadas suaves si alguien se quiere colar. Es de las frases más normales del día a día.
No te emociones, no es una nueva coreografía ni un paso de reguetón. En Caracas se usa para hablar de hacer fila, normalmente por horas, para comprar comida, gasolina o resolver cualquier trámite infernal. Es casi deporte nacional, con solazo, calor y chisme incluido. Y hay que admitir que, si no fuera tan triste, tendría hasta su punto cómico.