Se usa cuando alguien interviene para bajar la tensión, evitar un peo mayor o arreglar un rollo que ya viene caliente. Es como meterse a mediador para que la gente deje de pelear, hable más tranquilo y no termine todo en gritos o portazos. Básicamente, es calmar la cosa antes de que se arme la de San Quintín.
En Tolima se dice cuando alguien se pone en modo labioso para conquistar, tirando piropos y hablándole bonito a otra persona. Vamos, que está endulzando el oído y metiendo cuento con toda la intención. Puede sonar romántico o medio intenso, según el tono y la confianza. Si te lo hacen mucho, sospecha.
En Guanajuato se usa para hablar de alguien que se luce bailando, que entra a la pista con flow, seguridad y un estilazo tremendo. Es cuando la persona se avienta sus mejores pasos, se siente el centro de la fiesta y todos lo voltean a ver. Básicamente es salir a bailar con tanta confianza que parece que resbala de lo fino que va.
Se dice cuando alguien anda ligando bien descarado, tirando labia a lo loco y coqueteando con cualquiera que se le cruce. Es como verlo todo resbaloso, metiendo crema y queriendo quedar bien a fuerza, aunque se note a kilómetros. En San Luis suena a carrilla, de esas que te bajan el humo sin pelearte.
En Carabobo se usa para hablar de alguien que se pasa de zalamero, que vive echando flores y halagos para caer bien y ganarse favores. Es el típico personaje que engrasa tanto la situación que ya ni sabes si habla en serio. Vamos, un chupamedias profesional que no pierde oportunidad de lubricar egos ajenos.