Expresión muy usada para pedir ayuda de manera cercana, como decir écheme una ayudita o colabóreme un toque. No es que quieras la mano literal, sino que alguien se meta al lío contigo. En Magdalena suena a barrio, a vecindario donde todo el mundo se conoce y se ayuda, y la verdad es que tiene su encanto costeño.
Se dice para pedirle a alguien que te ayude, que te eche una mano con una tarea o un problema. Puede ser algo serio o una boludez del día a día, pero siempre con tono de confianza. Muy de charla entre amigos, familia o laburo. Si te lo dicen, no te hagas el sota, arrimá el hombro.
Se dice para pedir ayuda o un favor rápido, ya sea con algo físico o con un problema. Es súper común en todo el mundo hispano, no solo en Tijuana, y no tiene nada que ver específicamente con cartas. Vamos, el clásico de cuando andas atorado y necesitas que alguien te eche paro sin tanto drama.
Se usa para pedir ayuda o una mano con algo, desde mover un mueble hasta zafar con un quilombo de último minuto. Es bien de todos los días y suena más cercano que decir “ayudame”. Puede ser un favor chiquito o un rescate total, según el drama del momento. En Argentina va perfecto con un che adelante.
Se dice para pedir ayuda de forma directa y muy de andar por casa. Vale para cualquier cosa, desde mover un mueble hasta salir del apuro cuando vas hasta arriba. No es nada raro ni súper local, pero en Andalucía suena con ese puntito de compadreo: dame una mano, miarma, que yo solo no tiro.
Se dice para pedir ayuda, echar una mano con algo o pedir un favor rápido. Es súper común y no tiene misterio, aunque según el tono puede sonar a: venga, no te hagas el loco y arrima el hombro. Lo del chisme ya es cosa de la conversación, no del significado. Y sí, funciona para todo.