En Nariño se usa para hablar de ese miedo suave mezclado con risa nerviosa, como cuando te asustas pero tampoco es para desmayarse. Es más como un sustico que te pone tenso pero te hace reír al mismo tiempo. No es terror, es culillo, y la verdad es que la palabra suena tan chistosa como lo que describe.
En Zulia se usa para decir que te dio miedo, nervios o un sustico antes de hacer algo. Es como admitir que te faltó valor en el último segundo, pero dicho en plan vacilón. Vale para planes, retos o cualquier situación que te impone respeto. Suena medio infantil, pero pega y da risa.
En la Costa Caribe se usa para hablar de ese miedo sabroso que te entra justo antes de hacer algo arriesgado, como un sustico en la barriga que te frena. No es terror extremo, es más bien nervios mezclados con respeto por lo que vas a hacer. Y la verdad, a veces ese culillo te salva de hacer locuras muy brutas.
En Córdoba se dice culillo para hablar de un rinconcito escondido y apañado donde te metes a estar a tu bola, lejos del jaleo. Puede ser la mesa del fondo del bar, un recoveco en una plaza o cualquier sitio donde nadie te dé la brasa. Suena tierno, pero también tiene puntito de pillo.