Se dice con ironía para hablar de alguien que va de santo, todo tierno e inocente, pero por detrás es bien travieso y hace sus vainas. Es como soltar un “sí, claro” en versión cariñosa. En Huila se usa mucho para señalar al que arma el desorden y luego pone cara de yo no fui.
Se le dice a alguien con tono burlón o pícaro cuando se hace el inocente, como si no rompiera un plato, pero tú sabes que tiene calle y sus mañas. Es el típico que pone cara de yo no fui mientras ya se mandó la travesura. Suena cariñoso, pero lleva su jalón de orejas escondido.
Se le dice a alguien que va de inocente, de buenito y con cara de no haber roto un plato, pero en el fondo es bien colmilludo o travieso. Es medio irónico, como cuando el más calmadito resulta ser el que arma el desmadre y luego se hace el santo. Y sí, da risa cuando lo cachas.
En Santa Fe, un angelito es ese amigo que vive metiéndose en quilombos y siempre termina pidiéndote rescate. Es medio desastre, pero tiene una cara de nene bueno que desarma a cualquiera. Sabés que es un problema con patas, aunque igual lo bancás porque su inocencia y su torpeza tienen su encanto, aunque a veces te saque canas verdes.