Se dice cuando alguien se ríe tan fuerte y por tanto rato que ya no coordina, se queda sin aire y parece que el cerebro se le reinicia. Es como si las carcajadas le hicieran corto circuito y lo dejaran doblado, con lágrimas y todo. Muy de contar después de un chiste malo que pegó durísimo.
Cuando una persona ríe con tal intensidad que se convierte en una máquina de carcajadas ambulante, percibiendo vibraciones del más allá y olvidándose momentáneamente de qué razón tenía para reír.