En Colombia se usa para referirse de forma cariñosa a un niño o una niña, sin importar si tiene el pelo rizado o no. Es como decir el pelado, el peque o el mocoso que anda por ahí haciendo bulla y desorden. Suena cercano, de barrio, y según el tono puede ser tierno o medio regañón, pero casi siempre con cariño.
En Boyacá, cuando dicen chino no hablan de alguien de Asia, sino de un niño o un pelado joven. Es una forma muy cotidiana y cariñosa de llamar a los hijos, sobrinos o cualquier mocoso del barrio. Suena cercano, de pueblo, con ese tonito boyacense que hace que hasta el regaño suene medio tierno, y la verdad tiene su encanto.
En Colombia se usa para hablar de la tienda de barrio donde venden de todo, desde dulces hasta papel higiénico, muchas veces atendida por personas de origen asiático. Es una forma muy común de referirse al lugar, aunque hay que tener ojo porque puede sonar algo racista según el tono y con quién hables.
En la Costa Caribe, y en Cesar en particular, chino es un apodo súper cariñoso para los niños, casi siempre para el propio hijo o el de alguien cercano. No tiene nada que ver con nacionalidades ni rasgos físicos, es puro afecto costeño. Es como decir mi pelado o mi pelao, pero con ese saborcito de familia y barrio.
Forma cariñosa de referirse a un niño o chiquillo por estas tierras. Se usa con familiaridad y buen rollo.
En Bolívar se usa chino para hablar con cariño de un niño pequeño, sobre todo si es inquieto, travieso y parece que nunca se cansa. También puede usarse para referirse a muchachos jóvenes que trabajan duro en el campo o en faenas pesadas. Es de esas palabras que suenan familiares, como de pueblo donde todo el mundo se conoce.
En Cundinamarca y en buena parte de Colombia se usa para referirse de forma cariñosa a un niño o a un muchacho joven. No tiene nada que ver con que sea de China ni con su origen, es pura costumbre popular. Suena cercano, de barrio, como cuando la vecina chismosa llama a todos los pelados del conjunto igual.