Trabajo temporal, medio en negro y por poca guita, que te salva para el fernet, los puchos o la birra del finde. Acá nadie se muere de hambre porque siempre aparece alguna changa, desde cargar cosas en la feria hasta pintar una pared. Es cultura de rebusque total, y hay que admitir que tiene su encanto.
En Bolivia, una changa es un trabajito temporal, informal o de ocasión, de esos que salen de repente y te salvan cuando andas corto de plata. Puede ser desde cargar cosas hasta hacer un favor pagado. No es tu chamba fija, pero te saca del apuro y a veces hasta te deja para unas chelas.
Se usa para hablar de un laburito ocasional, de esos que salen por el día o por unos mangos, tipo ayudar en una mudanza, hacer un arreglo o cubrir a alguien. En Santiago del Estero se escucha un montón. También puede valer para cualquier plan medio improvisado y sin mucha seriedad. Bien de calle.
En Neuquén se usa para hablar de una amiga muy cercana, casi hermana de aventuras, con la que compartís mates, chismes y quilombos varios. Decir mi changa es como decir mi compinche fiel, la que está al pie del cañón para lo que pinte. Suena cariñoso, medio pícaro y bien patagónico, y la verdad es que tiene mucha onda.