Se usa para hablar de alguien que está sin un medio, pelado mal, que abre la billetera y solo salen telarañas y recibos viejos. Es el típico pana que no tiene ni pa'l pasaje ni pa' un raspao en la esquina, pero igual se lanza pa' la calle. Y hay que admitir que la palabra suena tan dramática que hasta da risa.
Se dice cuando estás sin un peso, pelado, en la mala y contando monedas. Es el típico estado post-rumba o post-quincena: te invitan a salir y tú solo puedes mirar el menú como si fuera un museo. En la Costa se suelta con orgullo y pena a la vez, y tiene su gracia.
Se usa para hablar de alguien que entra a saco en los planes, que siempre es el primero en llegar a la fiesta y en liarla parda. No se corta, va a tope desde el minuto uno y arrastra a los demás con su energía. A veces agota un poco, pero también da vidilla cuando el ambiente está más muerto que la siesta de un domingo.