Se le suelta a alguien que convierte cualquier tontería en un drama épico, como si estuviera contando una intervención heroica a cámara lenta. Vamos, que exagera, mete suspense y se viene arriba con historias que no lo merecen. Va con cachondeo y un puntito de pulla, pero sin mala leche si hay confianza.
Se dice en plan coña de alguien que siempre sale con apaños, trucos y soluciones improvisadas para todo, aunque no tenga ni idea del tema. Es como llamarle manitas de andar por casa, pero con ese puntito de inventarse la ingeniería sobre la marcha. Suele ir con admiración y cachondeo a partes iguales.
Se dice de alguien que siempre encuentra la excusa perfecta para escaquearse y no dar un palo al agua. Justo cuando toca arrimar el hombro, desaparece como por arte de magia y luego vuelve tan pancho. No es un insulto gordo, más bien una pullita con guasa sevillana.
Se le suelta a alguien que se marca unas historias o unas actividades absurdas, larguísimas y cero urgentes, pero te las vende como si fueran una aventura épica. Vamos, que tiene un talento especial para perder el tiempo con estilo y encima dejarte con cara de, pues mira, ni tan mal. Tiene su puntito.
Se dice de alguien que, sin comerlo ni beberlo, se mete a apagar fuegos ajenos o a organizar el barrio desde el sofá. Va de pacificador, de mediador y de arreglalotodo, pero con un puntito de fliparse y de montar planes raros para que haya buen rollo. Suele decirse con cachondeo, no como insulto serio.
Se dice de alguien que no puede ver un problema sin meterse a arreglarlo, aunque nadie se lo haya pedido. Va de salvador, se emociona con cualquier chapuza y acaba liándola un poco más, pero con buena intención. Vamos, el típico que por una gotera te monta una obra y te deja la casa patas arriba.